Uno de los grandes proyectos llevados a cabo por Inés Benavides, ha sido SQD Meat Point. Se trata de un restaurante de vanguardia de 300 metros cuadrados situado frente a la Biblioteca Nacional de Madrid. Pertenece a la familia del futbolista Julien Escudé, y es un establecimiento que destaca por su gastronomía y decoración. Desde su estudio, Inés ha concebido, proyectado y ejecutado la obra completa. Todo un reto teniendo en cuenta las condiciones iniciales del local.

Transformación de arriba abajo

Este restaurante de vanguardia, cuenta con tres alturas, pero antes de la reforma, se trataba de una discoteca abandonada. En tiempo récord, Inés ha sido capaz de convertirlo en un restaurante de moda, cosmopolita, moderno y a la vanguardia de las tendencias.

El proyecto empezó con la transformación de la fachada. Se trataba de un cambio crucial para definir la imagen del restaurante y que fuera capaz de llamar la atención de las personas. Para conseguirlo, se apostó por el uso del blanco en combinación con el dorado, así como materiales de calidad. Esto supuso un antes y un después en una calle con mucho encanto.

Como era de esperar, convertir una vieja discoteca en un restaurante, conllevaría numerosos problemas técnicos, por ejemplo, crear una campana de extracción de humos para la cocina. Esto fue todo un reto ya que sus propietarios querían que la cocina estuviera abierta al público, de forma que estos pudieran ver la forma de trabajar en ella.

Otro de los retos fue la acústica. Al tratarse de un local tan grande y con mucha altura de techos, el ruido era un problema al que había que poner fin. Para ello, Inés decidió utilizar absorbentes acústicos de manera que la gente pudiera disfrutar de una agradable velada sin molestos ruidos.

En el proceso de remodelación, también se pensó en las personas que van en sillas de ruedas, colocando una rampa que anteriormente no existía.

Problemas en la reestructuración de espacios

Una vez dentro, se decidió cambiar la ubicación de la escalera para que esta no cortase la sala por la mitad. En su lugar fue donde se decidió colocar la cocina abierta, creando un espacio diáfano más en consonancia con el resultado que se quería obtener. Para darle mayor protagonismo a la cocina, se decidió colocarla en la entrada. De esta forma se puede ver trabajar a los cocineros tanto de la entrada como de la planta superior.

Como es bien sabido, la obtención de licencias para un restaurante es compleja. Este local, además, tenía varios elementos fuera de ordenación, razón por la cual se tuvo que derribar ciertos módulos de la planta alta y reorganizar los espacios. No entraremos en los detalles de todos los demás requisitos del Ayuntamiento, solo comentar que son muy exigentes. Eso sí, ¡superamos la prueba con éxito! Todo un orgullo.

Gran importancia de los detalles

A nivel de decoración, Inés buscó crear un espacio con mucho carácter, que tuviera alma. Para sus propietarios, era fundamental que el local tuviera una identidad propia y para conseguirlo era necesario que contase con detalles especiales. Por este motivo, no es casual el suelo de madera, las barandillas de hierro y cristal, las formas redondeadas de muros y mobiliario, las cortinas de seis metros de altura, la escultura de alambre, las plantas… formando un todo que tiene su por qué y es importante para crear esa identidad.

Debido a la cantidad de luz natural que penetra en el local, el restaurante cambia drásticamente si es de día o de noche. De día es alegre y vital, mientras que de noche las cortinas que se cierran y la iluminación, realizada a base de claros y oscuros, ofrecen un ambiente cálido e íntimo.

Restaurante de día, coctelería de noche

Para diferenciar la planta superior de la planta baja, se apostó por instalar una enorme barra de bar en esa primera planta. Esta barra se dividió en dos partes. Durante el día por un lado se puede comer y por el otro lado se ofrecen originales cócteles. Por la noche, la barra permite alargar la sobremesa entre amigos acompañados de una copa.

También se planteó la opción de crear un reservado con vistas a la Biblioteca Nacional. Para conseguirlo, se decidió cerrar una parte de la planta superior para tal cometido, creando un espacio muy luminoso e íntimo desde el cual se divisa la planta baja. Para aportar mayor privacidad, este espacio se puede cerrar con pesadas cortinas de terciopelo, aislándolo de las miradas del resto del restaurante.

Por último, y no menos importante, no hay que olvidarse de los baños. Al igual que el resto del restaurante, los baños son representativos del establecimiento, cuidando hasta los más mínimos detalles. Unos baños concebidos en la línea del restaurante, con colores cálidos y mezclas de texturas.

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